Cuando uno se angustia, es normal entre las gentes la preocupación inmediata y las palabras de aliento que no sobrepasan un: ¡ánimo! Ya habrá tiempos mejores. Cuando la angustia se vuelve algo reiterativa, las gentes te recomiendan asistir a un psicólogo, que en razón de su sapiencia en los temas de la conducta humana, al parecer puede mejorar cualquier tipo de males del ánimo, como si se tratara de un chamán o brujo que puede curar lo interno del ser humano.
La tristeza y la angustia son las cantantes más populares en nuestra era, su música ha envuelto todo el concierto mundial, generando un fanatismo desmedido entre los cientos de seres humanos que se pelean por estar uno más triste que el otro. El llanto es la vestimenta más usada de esta nueva moda, y las entradas a pagar para los conciertos de estas famosillas cantantes, van desde la paga por las consultas psicológicas, psiquiátricas y los antidepresivos.
Los expertos del comportamiento humano nos dicen que la población mundial cada día está más triste. Los expertos en economía nos dicen que día a día el mercado de los fármacos del ánimo genera millones y millones de dólares. El cuadro no puede estar de mejor modo: estar triste genera millones de dólares al año, y los dueños del mundo están irónicamente felices con ello. Los cementerios también celebran la entrada de los tantos suicidas, y las ganancias de las funerarias crece cuando un infeliz ser humano se quita la vida.
Existen durante la existencia humana, tan sólo dos cosas extremadamente costosas en un corto plazo: ir a la universidad y morirse. De entre ambas, morirse genera un gasto estratosférico, si se piensa que lo que viene tras la muerte es un sinfín de gastos familiares, en tan sólo dos o tres días. Por ende, frenar los suicidios en la población mundial, es un mal negocio, y al parecer los expertos del comportamiento humano lo saben bastante bien (psicólogos y psiquiatras).
Tristes pasamos los humanos por el carrusel del tiempo, conscientes de que la vida es una porquería, pero evitamos pensarlo. La tristeza es el mejor negocio de la historia humana, como también lo son las enfermedades, y el sinfín de tragedias que pueden dañar la integridad de los hombres. El hombre vive gastando en su seguridad, y tal angustia reiterativa hace poderosos a los poderosos. El negocio de las armas genera portentosas ganancias a las empresas de la matanza humana; el negocio de las drogas genera el sustento económico y cultural de la política y el Estado de derecho, como también la delincuencia y los crímenes, ayudan a legitimar los gobiernos mundiales, la policía, la educación y la religión.
¿Qué sería de nosotros sin policías? ¿Qué sería de nosotros sin Estado?
Lo primero que se nos viene a la cabeza, es una completa desprotección. Nos enseñaron a desconfiar de nuestros pares, porque en algún momento los seres humanos se repartieron el mundo, generando que unos y otros se enemistaran por la falta de solvencia a las tantas necesidades que el hombre comenzó a inventarse. Y así, seguimos tristes… conformándonos con oír unos pocos humoristas, que logran hacernos reír no porque ellos sean felices, sino porque el negocio de la risa les ha sido bastante solvente.
Las tragedias son el comentillo de la plaza, y los noticieros se pelean por relatar el mal estado de la sociedad. Estos señores de la prensa, parecen entristecerse por las historias de indignidad humana que ellos mismos preparan, escondiendo que tras esas tristezas, en casa les esperan las mejores condiciones de vida que podamos imaginar, ya que con el sólo hecho de relatarnos las peores historias humanas se echan al bolsillo cuantiosos trozos de dinero, aludiendo que es la paga por su trabajo. Y de este modo, día a día nos enteramos que estamos mal, pero al parecer detenernos a pensarlo es demasiado, con saberlo nos basta y es mejor que sigamos viendo como los imitadores hacen gala de sus destrezas, la tele nos informa y nos desinforma a la vez.
La nueva ocupación de estar tristes incluso logra ser compatible con los cientos de trabajos que el hombre realiza, y todos ellos ayudan a que el ser humano se haga más triste aún.
El mundo empapado de muertes y tristezas, gira a duras penas, soportando el peso del desastre, y triste el mundo también se mueve desesperado, matando a unos cientos, erupciona ensimismado y mata otros cuantos, y ya cansado de regular sus estados fluviales, nos azota con sequías o lluvias que arruinan nuestras fuentes de alimentación. El mundo quisiera ahorcarse, pero el universo no cuenta con vigas donde colgar la soga, tampoco existen antidepresivos que puedan ayudarle, y este cáncer humano que corre por su cuerpo, no se detiene, y ya ha invadido hasta el último confín de sus entrañas.
En su interior caminan los hombres… pavimentado se halla su estómago, y su curso sanguíneo ha sido intervenido. En sus pulmones habitan las industrias, y el consumo mundial de sus partes vitales, se incrementa con el sólo afán de tener… la necesidad jamás fue saciada, la necesidad se habría ahorcado cuando a sabiendas de que ya no era necesaria, tuvo que emigrar con los pobres, y murió de pena viendo el egoísmo desmedido de los seres humanos.