… y allí estaba frente a mí, y ambos a un lado del camino… fría era la mañana y frío también sus ojos, pero su belleza era única e inigualable. Traía tras ella a la Felicidad, que en los embates del amor desconocido se había enamorado de la Muerte, y ambas habían hecho de sí, una misma esencia, una misma causa y una sola alma.
Nos miramos fijamente, y un sentimiento de profunda tranquilidad invadió mi Ser, mientras mi cuerpo se resistía a ser tierra. Ambas me tomaron en sus brazos y con dulce susurro me dijeron: “Descansa ya de tus razones, que la verdad con nosotras no existe, ya nada volverá a perturbar tu existencia.” En ese momento pensé: la muerte no puede ser tan bella, tan angelical y tan indescriptiblemente ligera y placentera, no puede cantarme al oído, ni acariciar mi cabeza… ¿Acaso la muerte no lleva consigo cadenas, vestiduras negras y harapientas, y anda con su cuerpo famélico y frío, oliendo a flores podridas e inspirando temor?
La tibieza de su susurrante voz me hizo caer en un éxtasis… ¡me sentí en el aire! Nadie sostuvo mi cuerpo, nada me ataba al piso y nada cubría mi existencia, pues nada había para esconder. Descubrí por primera vez la libertad, y me compadecí de mi mismo por haber sido humano tanto tiempo… tal vez debí decidir acabar con mi humanidad mucho antes, pero la cobardía fue más fuerte.
Tan pronto una y otra vez los embates de aquel rito de transformación aniquilaban mi existencia carnal, recordé: ¿qué será de mi cuerpo pasado el umbral del fin de la existencia? Aquellas flores que decoraran mi tumba, aquellos llantos que harán insípido mi recuerdo, aquellas palabras que transformaran mi historia, aquellos ojos que harán morbo de mi pálido rostro… recordé que no quiero ser cliente del cementerio, ni ser tirado en un cajón que sobrepase el valor de un pan, ni que pidan permiso para sepultar mis propios restos, como si perteneciese a alguien, o como si profanare la tierra con mi carnal deposito. Tampoco quiero ritos de religiones fantasiosas, ni consuelo a mis deudos, porque a nadie he dejado deudor de mi existencia, ni he perpetrado negocio de relaciones personales… me han amado advirtiendo el riesgo de mi temprana muerte, y quiero respeto a mi fría carne cuando se haya ido el último aliento. No quiero ser expuesto a multitudes, ni tampoco que seres irrelevantes en mi vida se paseen frente a mis restos… no quiero traigan ofrendas inmerecidas de flores mortuorias para mi tumba… quiero que mi cuerpo vuele y sea ceniza en el viento… quiero ser polvo y no tierra, quiero ser fuego y no frío, quiero ser del aire y no de la tumba.
Di espasmos y volví a caer al piso… de pronto dejé de sentir esa extraña libertad y ligereza, los dulces sonidos femeninos en mis oídos se esfumaron… comencé a sentir dolor en mis brazos y piernas, cada centímetro de mi piel lograba percibir el frío del piso y un hedor a sangre penetraba mis suspiros impidiéndome respirar libremente… en mis oídos muchas voces resonaban, y ante mis ojos luces parpadeaban… de pronto pude darme cuenta de donde estaba: allí estaba parado a un lado del camino, intentando tirarme frente a un auto y acabar con mi existencia… al parecer fui capaz de vencer el temor… ¡lo hice!
Tras probar un bocadillo de muerte, volví para arreglar mi funeral antes de marcharme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario