miércoles, 25 de enero de 2012

Preñado

Itinerante entre las sábanas, parecía estar suspendido en el aire, bañándome en sudor frío y con la cabeza pesada, como si fuese a caer de un precipicio.

¿Cuántas palabras puede guardar la memoria? ¿Cuántas imágenes es capaz de almacenar? ¿Cuánto tiempo de vida útil tiene?

Alguna vez siendo niño intenté explicarme como es que algunos seres humanos perdían la voz. Ellos se habían quedado sin palabras a mi juicio, y por ende lo más lógico era que los humanos nacíamos con un stock limitado de palabras, y con un límite numérico para repetirlas. En algún momento me volvería mudo, por lo cual había que guardarse de no hablar demasiado. Por supuesto, los grandes pensaron que era pura timidez, y al tiempo olvide tal idea y comencé a hablar más de la cuenta.

Han pasado los años, y ya casi poco recuerdo lo tanto que pude haber dicho, como si mis propias palabras salieran a recorrer el viento, sin retorno… parí hijas en mi fecunda boca. Muchas de ellas se transformaron en asesinas, malévolas y falsas, otras se prostituyeron, y muchas otras se dedicaron a la moral, el derecho, la política o las artes. El punto es: ¿Hasta cuándo estaré preñado de palabras?

Recuerdo los tantos partos prematuros, cuando las palabras salen expulsadas como si la boca estuviese cargada con pólvora. Aquellas que nacieron antes de tiempo, dedicaron su vida a vagar, nunca alcanzaron la madurez, y por ende gozaron de muy poco sentido.

Hubo tantas otras veces en que los abortos provocaron serios daños en toda mi existencia. Cuando abortas palabras callando, los seres que quedan dentro pudren el vientre, y en algún momento salen de la boca dejando un sabor nauseabundo.

Sin embargo, de todas las palabras que pude haber dicho, tan sólo dos se guardaron en mi memoria con tan nítidos recuerdos: te amo.

Aunque deba pedir perdón hasta el cansancio a quienes he amado luego, jamás nunca podré repetirlas con tanta intensidad, con tanto valor, con tanta fuerza, con tanta convicción, con tanta felicidad y con los ojos lagrimosos de emoción, como aquella vez…

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